Está claro que las elecciones primarias no son la panacea de la democracia interna de los partidos, pero en cualquier caso son un pequeño avance frente a la designación por la C. E. R. o por el Comité Federal, etc.
La mayor crítica que se puede hacer desde fuera de los partidos es que debiendo ser los partidos instrumentos para canalizar la participación ciudadana en la política, en lugar de esto se convierten en empresas explotadoras de marcas electorales, cuyas comisiones ejecutivas o direcciones son meras direcciones de empresa, y para más inri, en los partidos se practica un culto al líder que nos recuerda más nuestro pasado evolutivo que nuestro estadio actual de animales más o menos racionales.
En los partidos políticos el workflow de una propuesta va en el sentido contrario al que debería ir si un partido sirviera para canalizar la participación ciudadana en política, ya que el líder hace la propuesta, los órganos de dirección -en teoría- la asumen, y los militantes la acatan y la defienden.
Parece lógico pensar que si un partido político es o debería ser una agrupación de personas con unas inquietudes similares (llámese ideología, intereses, o lo que sea), las propuestas deberían fluir desde la base hasta la "dirección", máxime en los partidos de izquierda, que no en balde denominan a sus direcciones como comisiones ejecutivas, y otorgan a sus líderes el cargo de secretario general y no el de presidente o director.
Podría parecer que la intención es indicar que los secretarios generales son meros gestores que se dedican a ejercer la portavocía de las propuestas del partido ante la sociedad, pero resulta que en la práctica, también en la izquierda los líderes funcionan a la vieja usanza, a la usanza de todos los mamíferos inferiores, si se me permite la licencia de ser no muy científico en la expresión.
Así pues, que Roberto Jiménez se postule como candidato a la presidencia -y vaya por delante mi aprecio por él en lo personal y respeto como político- es solo un paso más en el paripé pseudodemocrático que los líderes ejercen dentro de los partidos.
Creo que deberíamos aspirar a que haya organizaciones políticas que estén basadas en las propuestas y en el trabajo, en lugar de estar basadas en estructuras jerárquicas de control férreo, que acaban convirtiéndose en meras camarillas de poder que eligen a los cargos públicos por cooptación, lo que profundiza cada vez más ese modelo de camarilla sectaria, aleja a las élites de los partidos del resto de la sociedad, produce en muchas ocasiones comportamientos éticamente indeseables y desde luego socava los principios básicos de la democracia.
Así pues, las primarias son un pequeño avance en el sentido de que los militantes pueden elegir directamente a la persona que quieren que les ordene lo que tienen que hacer en cada momento, pero no soluciona el problema de raíz, que es la inadecuación del workflow de los partidos para que sean organizaciones verdaderamente democráticas y al servicio de la sociedad.
En el caso del PSOE, es que si mal no recuerdo, además el Comité Federal tiene en su mano la decisión de celebrar o no primarias en una federación concreta, es decir, una democracia de república bananera, que establece reglas a la carta al servicio de las élites.
Creo que no puedo ser más claro. Cuando queráis corregir estos problemas de fondo, me llamáis, que ahí estaré como uno más.